Los Compromisarios1
Relato de mi experiencia como cofundadora de Compromiso Ciudadano en San Andrés
Fue entre los años 2008 y 2009 cuando comenzó esta historia. Un grupo de jóvenes, entre quienes destaco a Faber González, Eder Ortiz y Luis Guerra, comenzó a conformar un movimiento que se llamaba Archipiélago Posible, o algo parecido. Al mismo tiempo, nosotras estábamos conformando la Corporación Miss Nancy Land, liderada por la profesora Yusmidia. En uno de esos ejercicios se decidió unir esfuerzos. Fue entonces cuando me presentaron las propuestas del alcalde, o exalcalde, de Medellín, Sergio Fajardo. Para mí fue amor a primera vista.
Me uní al grupo, participé en la conferencia que hicieron en el Sol Caribe y comenzamos a organizarnos con la intención de incidir políticamente en el destino de las islas. Después llegó la Ola Verde con Antanas Mockus y nos convertimos en su base en el archipiélago. Fue un momento vibrante. Ser parte de ese ejercicio nos hizo sentir que estábamos en el camino correcto.
En ese momento se hicieron más visibles otras personas como Camilo Hernández, Daylena Pérez, Alejandro Martinez, Marilyn Romero y Marcos Bent. Creo que incluso Jhon Manuel Rodríguez estuvo vinculado al grupo en algún momento. Así seguimos durante años. Participamos en pedagogía ciudadana, apoyamos el plebiscito por la paz y fuimos observadores de la MOE. Creíamos profundamente en la democracia, en la participación y en la posibilidad de transformar el país desde la ciudadanía.
Entonces llegó el gran momento. Sergio Fajardo se lanzó a las elecciones presidenciales de 2018 y sentimos que había llegado nuestra oportunidad. Nos integramos al Partido Verde para contar con una estructura política más sólida. Para entonces el grupo había crecido enormemente. Ya eran demasiadas las personas para nombrarlas a todas. Sin embargo, recuerdo especialmente a Soledad, quien ejercía labores de coordinación; a Manuela, que lideraba el trabajo con los jóvenes; y también a David y Jaime Rodríguez, quienes hicieron parte importante de aquel proceso. Hubo muchas otras personas que entregaron tiempo, talento y corazón a esta construcción colectiva. Aunque ese proceso también dejó heridas y divisiones entre algunos integrantes del grupo inicial y quienes llegaron después, fue una experiencia extraordinaria.
La historia posterior es conocida. Sergio Fajardo quedo en tercer lugar, muy cerca de Gustavo Petro, quien pasó a segunda vuelta junto a Iván Duque. Y fue allí donde comenzó mi ruptura con el movimiento. Muchos de los más fajardistas optaron por seguir la línea del voto en blanco. Para ellos, ninguna de las opciones representaba plenamente los principios que habíamos defendido durante años. Yo no podía verlo de esa manera.
Para mí, las dos opciones no eran equivalentes. Veía con preocupación el proyecto político que representaba Iván Duque y lo que consideraba un riesgo para el país. Sentía que permanecer neutral en ese momento era, en la práctica, renunciar a influir en una decisión que tendría consecuencias profundas para Colombia. Por eso tomé una decisión distinta. Mientras muchos compañeros defendían el voto en blanco, yo me convertí en vocera de la campaña de Gustavo Petro en las islas. Caminé puerta a puerta buscando votos, conversando con vecinos, participando en reuniones y defendiendo públicamente una posición que para muchos dentro de mi propio círculo político era incómoda.
No fue una decisión fácil. Algunos compañeros la entendieron y nos fuimos juntos. Otros no. Para muchos compromisarios, apoyar a Petro era una traición a los principios del movimiento. Para mí, en cambio, era precisamente una consecuencia de ellos. Yo creía que la política no podía reducirse a la pureza ideológica ni a mantenerse al margen cuando el país enfrentaba decisiones trascendentales. Había aprendido que la ciudadanía implicaba asumir responsabilidades y tomar partido cuando las circunstancias lo exigían.
Ese fue el momento en que comprendí que mi camino político comenzaba a separarse del de muchos de mis antiguos compañeros. Seguíamos compartiendo afectos, recuerdos y parte de una historia común. Pero ya no compartíamos la misma lectura del país ni las mismas respuestas frente a los desafíos que Colombia enfrentaba.





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