Amada Danny María
La conocí cerca de 2012, en un intercambio y visita de la CNOA para fortalecer los procesos organizativos raizales y afrocolombianos. Ella era la coordinadora de Género, y desde que la vi me pareció una mujer fuerte, grande, imponente, sobre todo intimidante. Nada más lejos de la verdad: su voz era dulce, como si cantara, y su ternura era incontenible. Su nobleza sobrepasaba su cuerpo físico.Nos hicimos amigas a fuerza de llamadas largas y momentos memorables. Volvimos a encontrarnos a finales de 2014, cuando yo apenas me reencontraba con mi negritud, hacía la transición y me atrevía a intentar una historia nueva, a cerrar ciclos de amores fallidos. En 2015 me acompañó hasta el río Cipriano: allí comí su tapado, respiré su Buenaventura y recibí la bendición de los ancestros, sin saber todavía que llevaba en el vientre la bendición de la vida. En el 2016, vino con sus padres a visitarnos, estaba conectada con el maritorio. Seguimos caminando juntas cuando ella entró a la Comisión...