Carta a Cepeda

 Estimado Cepeda:


Sé que la vida no ha sido fácil para ti. Desde antes de nacer, la decisión de tus padres de creer en un mundo desde una orilla distinta a la tradicional te hizo objeto de mucho sufrimiento y dolor. Aun así, decidiste trabajar por un lugar mejor, y hoy mucha gente te condena precisamente por eso: por tu origen familiar, tu historia de vida y tus decisiones políticas. Creo que no existe nada más injusto para un ser humano.

Se reconoce tu trabajo incansable por la paz, las víctimas y la reconciliación, y que eso también te ha traído luchas propias, como que se te relacione con las FARC y sus crímenes de lesa humanidad, o el juicio contra Uribe, que afectó tu salud al punto de tener que luchar contra dos tipos de cáncer. Luchas que, lejos de beneficiarte, han puesto en peligro tu propia vida y han traído como consecuencia que tus adversarios vendan una imagen alejada de lo que realmente eres y representas. Eso también es injusto, porque se aleja de tu propósito de que Colombia sea un país libre de violencia.



Reconociendo todo lo anterior, y después de mirar retrospectivamente el balance de nuestro primer gobierno progresista, donde ya se ha mostrado todo lo bueno logrado, también hay ausencias, vacíos y deudas pendientes con la sociedad colombiana. De esos nuevos dolores, que no son solo míos, sino un sentir colectivo,  es de los que te quiero hablar:

  1. El tono de la discusión en Colombia llegó a puntos álgidos, casi irrespetuosos. El pueblo colombiano necesita un presidente que le dé la tranquilidad de que no considerará enemigo del país a quien piense diferente o se atreva a expresar sus ideas. Las redes sociales no pueden convertirse en el espacio de gobierno y de discusión pública nacional.
  2. Las reformas y normas que requiere el país deben hacerse de manera concertada, buscando el mayor consenso posible y escuchando a todos los actores sociales. Por ejemplo, el país se ha manifestado: no desea la imposición de servicios públicos en salud y pensión. Creo que debe estudiarse siempre la posibilidad de modelos mixtos.
  3. Reconocer que la salud es la prioridad para los colombianos y que se requiere una actuación urgente e inmediata para garantizar la estabilización del sistema, más allá de si se aprueba una reforma o no. Y pedir disculpas por lo ocurrido.
  4. La paz total ha permitido que grupos al margen de la ley actúen con libertad; uno de ellos está involucrado en la muerte de Miguel Uribe. Hay que ponerle límites al proceso y tomar acciones frente a la delincuencia transnacional asentada en ciertos territorios.
  5. Colombia está cansada de los escándalos al interior del propio gobierno. No pueden repetirse situaciones como las de Ange Rodríguez, Juliana Guerrero o Laura Sarabia, que no parecen casos aislados sino un patrón de ejercicio del poder.
  6. Frente al sistema de macrocorrupción, debe garantizarse que los recursos de los fondos especiales, de la UNGR y de las regalías se manejen de la manera más transparente posible y que no sean usados como fortines políticos.
  7. La transición energética no debe afectar la exploración de recursos naturales e hidrocarburos ni la soberanía energética del país. Hay que recuperar la credibilidad de Ecopetrol.
  8. Escuchar e incluir en el gobierno las propuestas del centro político y de los distintos sectores sociales. No puede verse al empresario, a las clases dirigentes o a los académicos como enemigos: hay que sentarse con todos e incluirlos para lograr el acuerdo nacional que deseas, incluso firmar sobre piedra la separación y el respeto de poderes.
  9. El pueblo negro de Colombia merece disculpas y un diálogo con la vicepresidenta Francia Márquez, quien ha sido muy maltratada por sectores del gobierno y de la izquierda.
  10. Los movimientos sociales y de mujeres queremos que se haga efectivo el diálogo social en el gobierno del cambio. Eso implica que los voceros sean quienes realmente representen a estos sectores, y no solo los amigos del gobierno.



Somos muchas y muchos quienes, pese a estos dolores, estamos convencidos de que eres la mejor opción para el país en estos momentos tan inciertos, y esperamos que el 21 de junio podamos celebrarlo. Te apoyamos precisamente porque creemos que eres capaz de escuchar esto: hacer un cierre público de estos temas nos ayudaría a sanar heridas y avanzar hacia adelante.

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