Carta a Cepeda
Estimado Cepeda:
Sé que la vida no ha sido fácil para ti. Desde antes de nacer, la decisión de tus padres de creer en un mundo desde una orilla distinta a la tradicional te hizo objeto de mucho sufrimiento y dolor. Aun así, decidiste trabajar por un lugar mejor, y hoy mucha gente te condena precisamente por eso: por tu origen familiar, tu historia de vida y tus decisiones políticas. Creo que no existe nada más injusto para un ser humano.
Se reconoce tu trabajo incansable por la paz, las víctimas y la reconciliación, y que eso también te ha traído luchas propias, como que se te relacione con las FARC y sus crímenes de lesa humanidad, o el juicio contra Uribe, que afectó tu salud al punto de tener que luchar contra dos tipos de cáncer. Luchas que, lejos de beneficiarte, han puesto en peligro tu propia vida y han traído como consecuencia que tus adversarios vendan una imagen alejada de lo que realmente eres y representas. Eso también es injusto, porque se aleja de tu propósito de que Colombia sea un país libre de violencia.
Reconociendo todo lo anterior, y después de mirar retrospectivamente el balance de nuestro primer gobierno progresista, donde ya se ha mostrado todo lo bueno logrado, también hay ausencias, vacíos y deudas pendientes con la sociedad colombiana. De esos nuevos dolores, que no son solo míos, sino un sentir colectivo, es de los que te quiero hablar:
- El tono de la discusión en Colombia llegó a puntos álgidos, casi irrespetuosos. El pueblo colombiano necesita un presidente que le dé la tranquilidad de que no considerará enemigo del país a quien piense diferente o se atreva a expresar sus ideas. Las redes sociales no pueden convertirse en el espacio de gobierno y de discusión pública nacional.
- Las reformas y normas que requiere el país deben hacerse de manera concertada, buscando el mayor consenso posible y escuchando a todos los actores sociales. Por ejemplo, el país se ha manifestado: no desea la imposición de servicios públicos en salud y pensión. Creo que debe estudiarse siempre la posibilidad de modelos mixtos.
- Reconocer que la salud es la prioridad para los colombianos y que se requiere una actuación urgente e inmediata para garantizar la estabilización del sistema, más allá de si se aprueba una reforma o no. Y pedir disculpas por lo ocurrido.
- La paz total ha permitido que grupos al margen de la ley actúen con libertad; uno de ellos está involucrado en la muerte de Miguel Uribe. Hay que ponerle límites al proceso y tomar acciones frente a la delincuencia transnacional asentada en ciertos territorios.
- Colombia está cansada de los escándalos al interior del propio gobierno. No pueden repetirse situaciones como las de Ange Rodríguez, Juliana Guerrero o Laura Sarabia, que no parecen casos aislados sino un patrón de ejercicio del poder.
- Frente al sistema de macrocorrupción, debe garantizarse que los recursos de los fondos especiales, de la UNGR y de las regalías se manejen de la manera más transparente posible y que no sean usados como fortines políticos.
- La transición energética no debe afectar la exploración de recursos naturales e hidrocarburos ni la soberanía energética del país. Hay que recuperar la credibilidad de Ecopetrol.
- Escuchar e incluir en el gobierno las propuestas del centro político y de los distintos sectores sociales. No puede verse al empresario, a las clases dirigentes o a los académicos como enemigos: hay que sentarse con todos e incluirlos para lograr el acuerdo nacional que deseas, incluso firmar sobre piedra la separación y el respeto de poderes.
- El pueblo negro de Colombia merece disculpas y un diálogo con la vicepresidenta Francia Márquez, quien ha sido muy maltratada por sectores del gobierno y de la izquierda.
- Los movimientos sociales y de mujeres queremos que se haga efectivo el diálogo social en el gobierno del cambio. Eso implica que los voceros sean quienes realmente representen a estos sectores, y no solo los amigos del gobierno.
Somos muchas y muchos quienes, pese a estos dolores, estamos convencidos de que eres la mejor opción para el país en estos momentos tan inciertos, y esperamos que el 21 de junio podamos celebrarlo. Te apoyamos precisamente porque creemos que eres capaz de escuchar esto: hacer un cierre público de estos temas nos ayudaría a sanar heridas y avanzar hacia adelante.
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