Hubo un momento, en algún lugar del tiempo que no podemos datar con precisión, en que dos seres humanos compartían la misma sangre, el mismo origen, el mismo Dios. Y uno de ellos levantó una piedra contra el otro. No contra un extraño. No contra un enemigo nacido en tierras lejanas. Contra su hermano. El asesinato de Abel a manos de Caín es, según el relato bíblico, la segunda gran tragedia de la humanidad. La primera fue la expulsión del Edén ,la pérdida del paraíso. Pero si aquella separó al ser humano de Dios, esta fue más oscura todavía: lo separó de sí mismo. Porque cuando Caín mató a Abel, no solo mató a su hermano. Mató la posibilidad de que pudiéramos vivir en armonía los unos con los otros. Lo más perturbador del relato de Génesis no es la muerte en sí. Es el contexto. Caín y Abel no son vecinos en disputa. No son reyes de naciones rivales. Son hermanos de la misma carne, criados bajo el mismo techo, adoradores del mismo Dios. El móvil tampoco es la supervivencia, no hay ...
Muy buena iniciativa!!!! Éxitos totales en esta aventura!!!!
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